La imagen es del martes, pero el problema continúa este miércoles.
Más de 50 menores migrantes no acompañados permanecieron durante horas en fila junto a la carretera de El Guano, en Ceuta, bajo una lluvia que apenas dejaba dónde resguardarse. Esperaban una plaza en un centro de acogida después de haber pasado, según relataron varios de ellos, alrededor de dos semanas durmiendo en la calle o moviéndose entre barriadas y asentamientos.
“Queremos centro de menores”, repetían ante los agentes desplegados en la zona.
La escena resume el cambio de fase de la crisis ceutí.
Las grandes imágenes de tiendas y chabolas sobre las playas empiezan a desaparecer. La presión, sin embargo, no desaparece con ellas. Se desplaza.
Las playas se vacían; El Guano sigue lleno
Los operativos de los últimos días han vaciado buena parte de los asentamientos de Benítez y El Trampolín.
Más de 1.400 personas fueron desalojadas de esos espacios y alrededor de 1.100 optaron por regresar a Marruecos mediante el mecanismo que Interior define como retorno voluntario. Las labores de limpieza han retirado más de 200.000 kilos de residuos y estructuras improvisadas.
Pero mientras la costa recupera otra imagen, el sistema de acogida sigue trabajando al límite.
El Guano mantiene un campamento temporal con centenares de personas —las estimaciones publicadas este miércoles llegan hasta alrededor de un millar— y se ha convertido en uno de los principales puntos de tránsito entre la calle, la filiación policial, los retornos y los centros.
Ahí estaban los menores.
Adolescentes esperando una plaza
Los jóvenes que hablaron con Europa Press explicaron que la mayoría eran marroquíes y tenían más de 13 años.
Algunos llevaban paraguas. Otros se cubrían con plásticos o capuchas. Varios no tenían ninguna protección frente a la lluvia.
Según sus testimonios, evitaban entrar en la gran carpa de El Guano porque adultos alojados en el interior les impedían acercarse. Esa versión corresponde a los propios menores y no consta una verificación independiente de cada incidente, pero revela la vulnerabilidad particular de adolescentes que se mueven dentro de un dispositivo pensado para responder a una presión extraordinaria.
La Policía Nacional mantiene que, cuando identifica a un menor, lo traslada a dependencias policiales para comprobar su edad e identidad y ponerlo a disposición del área de protección correspondiente.
El problema aparece cuando hay más menores que plazas inmediatamente disponibles.
2.566 menores ya están en centros
La presión es cuantitativa.
La información publicada este miércoles sitúa en 2.566 el número de menores que ya se encuentran en centros de acogida de Ceuta, mientras otros siguen esperando una plaza.
En paralelo, el Gobierno central ha habilitado unas 7.000 plazas para adultos y trabaja en nuevas instalaciones.
Desde agosto, más de 8.000 personas han regresado a Marruecos, la mayoría mediante retornos calificados como voluntarios por el Ejecutivo.
Esas cifras muestran que la gestión se mueve a gran velocidad.
También muestran el tamaño del problema.
Sidi Embarek cierra después de dos meses
El martes dejó otra imagen importante.
Las aproximadamente 300 mujeres y menores que seguían alojados en el campamento vecinal de Sidi Embarek fueron trasladados al recurso habilitado en el antiguo campo de fútbol del acuartelamiento de Caballería.
Durante dos meses, los vecinos habían sostenido con recursos propios y ayuda de organizaciones una instalación por la que pasaron, según la asociación de la barriada, entre 800 y 900 mujeres, muchas de ellas con hijos.
El cierre del campamento es una buena noticia para un dispositivo que nació de la emergencia.
Pero también plantea una pregunta incómoda: cómo se llegó a depender durante semanas de estructuras vecinales para cubrir necesidades elementales de personas especialmente vulnerables.
Menos tiendas no significa crisis resuelta
La transformación visual de Ceuta puede inducir a error.
Una playa limpia produce la sensación de que el episodio está terminando. Sin embargo, las autoridades y organizaciones que trabajan sobre el terreno siguen localizando personas escondidas en barriadas, montes y espacios periféricos.
Algunos adultos evitan los dispositivos por miedo a ser expulsados. Otros esperan poder continuar hacia la Península. Los menores tienen un marco jurídico diferente y deben ser incorporados al sistema de protección.
Por eso El Guano importa.
Es el lugar donde se ve la parte menos fotogénica de la normalización: la espera.
La responsabilidad con los menores
La política migratoria puede discutirse con toda la dureza que requiera.
Se puede exigir control fronterizo, identificación, retorno de quienes no tienen derecho a permanecer en España y cooperación efectiva con Marruecos.
Pero un menor detectado en territorio español no es simplemente un expediente migratorio más.
Existe una obligación de protección.
Eso exige filiación, evaluación individual, búsqueda de familiares cuando sea posible y un recurso de acogida mientras se determina su situación.
El reto es hacerlo sin improvisar plazas cada vez que aparece una fila de adolescentes bajo la lluvia.
Ceuta está reduciendo los grandes asentamientos.
El siguiente indicador de éxito será menos visible: que deje de haber menores esperando en la carretera para saber dónde van a dormir esa noche.



