Ucrania está entrando en una fase de la guerra en la que destruir una fábrica puede resultar casi tan importante como destruir una unidad militar. Los ataques rusos sobre industria, energía, puertos y logística están reduciendo la capacidad de la economía para generar los ingresos que Kiev necesita precisamente cuando el coste de sostener la guerra alcanza niveles extraordinarios.
Reuters calcula que el esfuerzo bélico cuesta actualmente alrededor de 190 millones de dólares diarios. El gasto militar alcanza unos 44.000 millones de dólares este año, mientras la recaudación tributaria se sitúa alrededor de 42.000 millones en el mismo periodo analizado.
La aritmética es brutal.
Un Estado no puede financiar indefinidamente una guerra de alta intensidad con una economía que, al mismo tiempo, pierde fábricas, puertos y capacidad exportadora.
Un agujero presupuestario de escala estratégica
Kiev necesita ayuda exterior para cubrir un déficit de financiación que Reuters sitúa en torno a 56.000 millones de dólares. Parte corresponde a defensa y otra parte a las funciones ordinarias de un Estado: salarios, pensiones, hospitales, infraestructuras y servicios públicos.
La ayuda internacional ha permitido mantener esa estructura.
Pero el sistema depende de calendarios políticos fuera de Ucrania.
Reuters señala que alrededor de 29.500 millones de dólares de ayuda europea están retrasados por condiciones de reforma todavía pendientes.
Cuando el dinero de un presupuesto nacional depende de votaciones, auditorías y reformas en varios países, el frente financiero se convierte en una operación diplomática permanente.
Rusia ataca la capacidad de recaudar
El efecto de los ataques no debe medirse únicamente en el coste de reconstruir una instalación.
Cuando una planta siderúrgica deja de producir, el Estado pierde impuestos, exportaciones y salarios.
Cuando un puerto del mar Negro reduce actividad, cae la entrada de divisas.
Reuters indica que las exportaciones de grano se redujeron un 36,6% en septiembre, en un contexto de ataques sobre infraestructura portuaria.
Ese deterioro afecta a la balanza comercial y al presupuesto al mismo tiempo.
Alemania intenta cubrir una parte del vacío
El canciller Friedrich Merz visitó Kiev durante el fin de semana y anunció nueva ayuda. Reuters informó de 1.000 millones de euros adicionales en apoyo militar y 350 millones para reparar infraestructura energética.
La visita incluyó además acuerdos entre empresas alemanas y ucranianas en defensa, radares, interceptores y producción de drones.
Eso muestra un cambio importante en la naturaleza de la ayuda occidental.
Ya no consiste únicamente en transferir armas existentes.
Cada vez más busca construir capacidad industrial dentro de Ucrania.
El invierno será una prueba económica y energética
Rusia ha intensificado ataques contra infraestructura ucraniana y Moscú ha anunciado que aumentará su campaña después de que Zelenski dijera que Ucrania incrementaría ataques contra refinerías rusas.
Puentes, centros de datos, red eléctrica y logística se encuentran bajo presión.
Cada ataque obliga a elegir dónde colocar sistemas de defensa aérea limitados.
Proteger una ciudad puede dejar más expuesta una central.
Proteger infraestructura energética puede aumentar el riesgo para otros objetivos.
La defensa aérea es también una economía de escasez.
El dinero congelado de Rusia vuelve al centro del debate
Ucrania y varios aliados europeos estudian cómo utilizar activos rusos inmovilizados para sostener la financiación del país.
La idea parece simple políticamente: que Rusia pague una parte del coste de la destrucción que provoca.
Jurídicamente es mucho más compleja.
Confiscar capital soberano plantea cuestiones de propiedad, inmunidad estatal y precedentes financieros que preocupan incluso a gobiernos favorables a Kiev.
Por eso Europa ha avanzado más rápido en utilizar rendimientos generados por esos activos que en apropiarse directamente del principal.
Una guerra también se pierde cuando el Estado deja de funcionar
La resistencia militar ucraniana depende de soldados y armas.
También depende de profesores que cobran, hospitales que funcionan, trenes que circulan y empresas capaces de pagar impuestos.
Rusia parece entender esa relación.
Kiev también.
El desafío occidental será demostrar que puede sostener financieramente a Ucrania durante más tiempo del que Moscú puede degradar su economía.
Esa batalla no aparece en los mapas del frente.
Pero puede terminar siendo igual de decisiva.
Fuentes consultadas
Reuters, 4 y 5 de octubre de 2026, sobre financiación ucraniana, ataques a infraestructura y visita del canciller Friedrich Merz a Kiev.



