EL ESTÁNDAR | INVESTIGACIÓN, MADRID, 24 DE OCTUBRE DE 2026. Casi un mes después de su instalación, la llamada acampada de la vivienda en la Puerta del Sol plantea una cuestión que los balances visuales no resuelven: ¿cuántas personas duermen realmente en sus tiendas cada noche, cuántas participan solo de día y qué relación existe entre ese campamento político y las personas que viven permanentemente en la calle? La pregunta es legítima, pero contestarla requiere observación y datos. No es correcto afirmar que ninguna persona pernocta, porque hay testimonios publicados de acampados que sí han dormido allí. Tampoco puede suponerse que cada tienda fotografiada esté ocupada todas las noches.
Del 26 de septiembre a la cuarta semana de protesta
La movilización comenzó el 26 de septiembre tras el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, y se convirtió en una reivindicación más amplia por alquileres accesibles y medidas contra los desahucios. Miles de personas participaron en distintas fases, mientras crecía un campamento construido con tiendas, lonas, carteles, espacios comunes y zonas de voluntariado.
Los organizadores describieron una estructura con puntos de reunión, atención y distribución de alimentos. Las cifras anunciadas de tiendas fluctúan en función del día y la fuente. Algunas informaciones han contabilizado hasta unas 1.500 tiendas, pero el número de tiendas es distinto de un recuento nocturno de habitantes.
La fotografía aportada a esta investigación es de la mañana del 5 de octubre: muestra una entrada real a la zona junto a la calle Arenal, con lonas y carteles, captada por Barcex y disponible con licencia CC BY-SA. No pretende probar la ocupación de una noche del 24, algo que esa imagen no podría demostrar.
La diferencia entre tienda instalada y persona que pernocta
Un campamento de protesta puede acoger a personas que asisten a asambleas, hacen turnos de voluntariado, visitan el recinto o duermen allí. Cada categoría cuenta para fines distintos, pero no son intercambiables.
Hay reportajes de comienzos de octubre que documentan explícitamente pernoctas y entrevistas a participantes. Otra cobertura reciente recoge el debate entre colectivos sobre cuándo desmontar la acampada y qué ocurrirá con personas sin hogar que se han integrado en su entorno. Por tanto, la tesis de que todo el campamento está deshabitado de noche carece de respaldo suficiente sin pruebas fechadas.
La investigación que falta no es una estimación a partir de plásticos tirados al suelo. Debería comparar recuentos nocturnos en distintas fechas, presencia y ocupación de tiendas, entradas, salidas y testimonios contrastados. También tendría que respetar la intimidad de las personas presentes. El Estándar no dispone por ahora de un censo nocturno propio verificado, y no inventará uno.
La controversia por limpieza, multas y desperfectos
El Ayuntamiento de Madrid ha planteado que los participantes respondan de los costes derivados de limpieza y daños en la plaza. La vicealcaldesa Inma Sanz señaló que el consistorio estudia cómo identificar responsables de desperfectos para no cargar los gastos al conjunto de contribuyentes. La prensa del sábado sitúa en alrededor de 180 las sanciones administrativas cursadas durante el periodo, fundamentalmente por cuestiones de limpieza, además de otras conductas.
El cómputo de sanciones no equivale a condenas y no demuestra por sí solo que todos los acampados hayan participado en irregularidades. Además, la existencia de un coste total de limpieza no permite atribuirlo indiscriminadamente a toda persona que haya acudido a una manifestación. El debate jurídico pasa por identificar conductas y responsabilidades.
Los comerciantes y usuarios habituales de Sol han señalado inconvenientes en accesos, tránsito y actividad cotidiana; los colectivos de vivienda responden que la protesta busca medidas frente a una crisis material. Ambas cuestiones pueden investigarse sin minimizar los daños verificables ni negar el derecho de reunión.
El contraste con quienes viven en la calle
La discusión sobre tiendas llega al mismo tiempo que una movilización de personas sin hogar en Gran Vía. El jueves 22 de octubre, unas 300 personas participaron en una protesta convocada por la red FACIAM para reclamar alternativas de alojamiento y protección frente al frío.
Los datos municipales citados por la prensa apuntan a una media de 1.015 personas durmiendo cada noche en las calles de Madrid durante 2025, frente a 1.116 el año anterior; esas magnitudes no incluyen todas las formas de sinhogarismo ni equivalen a la cifra actual de Sol. Representan un problema estructural que persiste al margen de los gestos políticos en una plaza simbólica.
La comparación legítima no es enfrentar a quienes protestan con quienes carecen de vivienda, como si fueran colectivos completamente separados: algunos pueden pertenecer a ambos grupos. La pregunta relevante es por qué siguen existiendo personas que pernoctan en la calle sin una alternativa adecuada mientras la crisis de vivienda llena el centro de la capital de tiendas utilizadas con fines de protesta.
Para avanzar hace falta prueba, no impresión
Un balance serio deberá incorporar observación nocturna no invasiva, datos de servicios municipales, testimonios independientes, responsables del campamento y organizaciones de sinhogarismo. También deberá especificar la fecha de cada cifra y diferenciar personas, tiendas, visitas y sanciones.
Solo entonces será posible afirmar qué proporción del campamento se usa para pasar la noche y cuál constituye presencia simbólica o logística. Es una pregunta verificable, no una conclusión que deba decidirse por simpatía o rechazo ideológico hacia los convocantes.
Fuentes
- Investigación gráfica original de Sol, fotografía de Barcex del 5/10 con licencia comprobada.
- Somos Madrid, 1 de octubre: entrevistas a participantes que documentan pernoctas.
- HuffPost, 18 de octubre: debate interno sobre el futuro del campamento y personas sin techo.
- Cobertura 24 de octubre: Ayuntamiento, reclamación de limpieza y balance de multas.
- Crónica 22 de octubre: 300 personas sin hogar reclaman un techo en Gran Vía.
Esta investigación está abierta a nueva documentación nocturna; las imágenes diurnas no sirven para zanjarla.



