Tres años después del ataque del 7 de octubre de 2023, las calles volverán a convertirse en escenario político mientras Israel y las comunidades judías de numerosos países conmemoran a las víctimas de la mayor matanza sufrida por el país en su historia reciente.
Al menos 75 manifestaciones y actos propalestinos o contra Israel están previstos en distintos puntos del mundo para este miércoles 7 de octubre, según el recuento difundido por el Ministerio israelí de Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo. El dato forma parte de un seguimiento mucho mayor: el organismo asegura haber identificado 262 eventos en 37 países entre el 1 y el 14 de octubre, con un segundo pico de 121 actos previsto para el fin de semana del 10 y 11.
España ocupa una posición especialmente destacada en ese mapa. Según el mismo recuento, Estados Unidos concentra 45 actos y España 40, por delante de Australia, Reino Unido e Italia. El ministerio israelí clasifica 21 de los 262 eventos como de riesgo alto y 66 como de riesgo medio, y señala que unas 45 convocatorias se celebrarán en las inmediaciones de embajadas, consulados u otros activos israelíes.
La procedencia del dato importa. No se trata de una estadística neutral elaborada por un organismo internacional, sino de una evaluación del Gobierno israelí a través de su J-SOC, el Centro Nacional para Combatir el Antisemitismo. Por eso debe leerse como lo que es: una cifra oficial israelí que permite dimensionar el fenómeno, pero que no sustituye a una auditoría independiente de cada convocatoria.
No hay un único organizador detrás de las protestas
Hablar de “75 protestas” puede inducir a pensar en una campaña dirigida desde una sola estructura. No es así.
Las movilizaciones pertenecen a un ecosistema internacional muy fragmentado formado por plataformas propalestinas, organizaciones BDS, sindicatos, colectivos estudiantiles, movimientos sociales y grupos políticos de orientaciones diferentes. Sus reivindicaciones tampoco son idénticas.
En España, la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina —RESCOP— coordinó durante el fin de semana del 3 y 4 de octubre una movilización estatal en decenas de ciudades. El lema común reclamaba, entre otras medidas, el fin del comercio de armas y de las relaciones con Israel. En València, por ejemplo, la protesta estuvo impulsada por BDS País Valencià y organizaciones integradas en esa convocatoria estatal.
Para el 7 de octubre existen además actos organizados desde estructuras locales. La Plataforma Solidaria con Palestina de Valladolid ha llamado a marchar a las 20:00 horas desde Fuente Dorada y exige al Gobierno español el fin total del comercio de armas y la ruptura de relaciones con Israel.
En Córdoba, Asamblea por Palestina, Juventud Córdoba por Palestina, Plataforma UCO por Palestina, Plataforma Córdoba con Palestina, Asamblea anti-OTAN y Mejor sin Armas han convocado una marcha a las 19:30 horas. En Santander, el Comité de Solidaridad con los Pueblos–Interpueblos ha anunciado otra manifestación para las 19:00 horas bajo un lema que vincula la protesta con la “descolonización de Palestina”.
Son ejemplos de una misma jornada, pero no de una única organización.
Barcelona muestra el sector más radical del movimiento
Hay convocatorias que plantean reivindicaciones políticas como el embargo de armas, un alto el fuego, sanciones o la ruptura de relaciones diplomáticas. Otras emplean un lenguaje considerablemente más radical.
En Barcelona figura anunciada para el 7 de octubre una movilización en plaza Universitat vinculada a Samidoun Palestinian Prisoner Solidarity Network. El anuncio difundido por la agenda activista Convoca-la defiende expresamente la denominada “resistencia” palestina contra el sionismo y reclama la liberación de presos vinculados a esa resistencia.
Ese dato exige contexto.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Samidoun en octubre de 2024 y lo describió como una organización pantalla vinculada al Frente Popular para la Liberación de Palestina —FPLP—, grupo designado como organización terrorista por Estados Unidos. En 2026, el Tesoro volvió a actuar contra miembros de la red y señaló específicamente a una coordinadora de Samidoun radicada en Madrid.
La existencia de esa convocatoria no permite atribuir el mismo discurso al conjunto del movimiento propalestino. Hacerlo sería tan impreciso como ignorar que una parte del ecosistema sí reivindica abiertamente conceptos y organizaciones que exceden la crítica al Gobierno de Benjamin Netanyahu.
Una fecha que no es neutral
Aquí aparece la cuestión política central.
Manifestarse contra las decisiones del Gobierno israelí forma parte del ejercicio normal de las libertades democráticas. También lo es reclamar protección para la población civil palestina, denunciar la destrucción sufrida en Gaza, exigir un alto el fuego, cuestionar la política de asentamientos o defender la creación de un Estado palestino.
Nada de eso equivale automáticamente a antisemitismo ni a apoyo a Hamás.
Pero reconocer esa diferencia no obliga a fingir que el calendario carece de significado.
El 7 de octubre de 2023, Hamás y otros grupos armados palestinos lanzaron un ataque a gran escala contra Israel. Naciones Unidas recuerda que fueron asesinados más de 1.200 israelíes y ciudadanos extranjeros, con civiles atacados en sus viviendas, comunidades y en un festival de música. 251 personas fueron secuestradas y trasladadas a Gaza como rehenes.
En el mensaje difundido con motivo del tercer aniversario, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha vuelto a afirmar que “nada puede justificar estas atrocidades”, al mismo tiempo que ha reclamado el fin del sufrimiento de israelíes y palestinos.
Ese doble reconocimiento debería ser posible sin dificultad: condenar los crímenes del 7-O y reconocer la devastación y el sufrimiento civil padecidos posteriormente en Gaza.
El 7-O convierte la elección del día en parte del mensaje
La libertad de manifestación protege también discursos que pueden resultar ofensivos o profundamente incómodos. Precisamente esa es una de sus funciones en una democracia.
La cuestión es distinta: escoger el aniversario de una matanza para convertirlo en una jornada internacional de movilización contra el país atacado es, en sí mismo, una decisión política.
No significa que toda persona que salga a la calle ese día celebre el ataque de Hamás. Sería una generalización injustificable. Muchas acudirán para exigir medidas sobre Gaza o para defender derechos palestinos sin respaldar en absoluto los asesinatos y secuestros de 2023.
Pero tampoco puede ignorarse que determinados colectivos sí presentan el 7 de octubre mediante el lenguaje de la “resistencia”, y que durante las movilizaciones del fin de semana en Bilbao una marcha ajena a RESCOP utilizó el lema “Adelante la resistencia, destruir Israel”, según las crónicas publicadas sobre aquella convocatoria.
La diferencia entre ambos fenómenos no es menor.
La posición de El Estándar
El derecho de manifestación merece protección incluso cuando una protesta incomoda, provoca o desafía la sensibilidad mayoritaria. Criminalizar de forma colectiva a quienes se manifiestan por Palestina sería un error político y periodístico.
Pero la libertad de manifestarse no convierte en irrelevante la fecha elegida.
Europa tiene espacio moral suficiente para sostener dos realidades al mismo tiempo: los civiles palestinos merecen protección, dignidad y futuro; y las víctimas israelíes del 7 de octubre merecen memoria sin que el aniversario de su asesinato sea convertido en una celebración de quienes los atacaron.
Se puede criticar con toda dureza al Gobierno israelí sin relativizar el asesinato de civiles.
Se puede denunciar la destrucción de Gaza sin borrar el 7-O.
Se puede defender un Estado palestino sin reivindicar a Hamás.
Y se puede exigir responsabilidades a Israel sin aceptar que expresiones como “resistencia” funcionen como una coartada para romantizar ataques contra personas desarmadas.
Lo verdaderamente peligroso empieza cuando una causa necesita borrar a las víctimas de la otra para sostener su relato.
Este 7 de octubre, mientras Israel recuerde a hombres, mujeres y niños asesinados en sus casas, en carreteras y en un festival de música, miles de personas saldrán también a las calles para protestar contra el Estado israelí. Ambas imágenes coexistirán.
El periodismo tiene la obligación de contar las dos.
Y defender a Palestina tampoco debería exigir manifestarse sobre las tumbas de las víctimas del 7 de octubre.
Qué sabemos
El Ministerio israelí de Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo afirma haber identificado 262 actos en 37 países entre el 1 y el 14 de octubre. De ellos, 75 están previstos específicamente para el 7-O. España aparece con 40 convocatorias en el periodo analizado.
También están confirmadas convocatorias españolas para el miércoles en ciudades como Valladolid, Córdoba, Santander y Barcelona, promovidas por organizaciones diferentes y con mensajes que no son homogéneos.
Qué no sabemos
No existe un registro público internacional independiente que permita comprobar una por una todas las convocatorias incluidas en el recuento israelí. Tampoco puede conocerse todavía la asistencia que tendrá cada acto ni si las consignas más radicales serán centrales o marginales durante las movilizaciones.
Por esa razón, El Estándar no atribuye apoyo a Hamás al conjunto de manifestantes ni equipara la solidaridad con Palestina con el respaldo a organizaciones armadas.
Fuentes consultadas
The Times of Israel, 5 de octubre de 2026; Ministerio israelí de Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo (datos citados por el medio); Naciones Unidas, mensaje del secretario general de 6 de octubre de 2026; Departamento del Tesoro de Estados Unidos; RESCOP; Plataforma Solidaria con Palestina de Valladolid; CórdobaBN; El Faradio; Convoca-la Barcelona; Wikimedia Commons.



