El canal paralelo: PSOE y USFP construyeron una relación formal con Marruecos antes de llegar a La Moncloa
En marzo de 2001, el congreso del USFP marroquí señaló a Ceuta, Melilla y Chafarinas como territorios que debían abordarse con los socialistas europeos y citó al PSOE como interlocutor prioritario. Nueve meses después, José Luis Rodríguez Zapatero viajó a Rabat en plena crisis diplomática y ambas formaciones firmaron un convenio de cooperación. La existencia del canal está documentada; la aceptación por el PSOE de la reivindicación territorial marroquí no.
HALLAZGOS PRINCIPALES
- El VI Congreso del USFP, celebrado en Casablanca del 29 al 31 de marzo de 2001, dejó por escrito que Ceuta, Melilla y Chafarinas debían ser abordadas con partidos socialistas europeos y citó expresamente al PSOE como interlocutor prioritario para buscar una solución dentro de la soberanía marroquí.
- El 18 de diciembre de 2001, durante una visita de José Luis Rodríguez Zapatero a Rabat, PSOE y USFP firmaron un convenio de cooperación. La existencia de la firma está confirmada por fuentes contemporáneas españolas y marroquíes.
- La visita se produjo en plena crisis diplomática entre España y Marruecos, con el embajador marroquí llamado a consultas desde finales de octubre. Zapatero se reunió con el primer ministro Abderrahman Youssoufi, el ministro de Exteriores Mohamed Benaissa y el rey Mohamed VI.
- El canal fue paralelo al Gobierno de José María Aznar, pero no puede calificarse de clandestino: el embajador español acompañó parte de las reuniones y Zapatero solicitó después un encuentro con Aznar para trasladarle las conclusiones del viaje.
- El texto firmado íntegro del convenio PSOE-USFP no ha sido recuperado públicamente. Las descripciones contemporáneas permiten reconstruir mecanismos de cooperación, pero no autorizan a atribuir al pacto una cláusula sobre Ceuta y Melilla.
- Zapatero declaró al regresar que Mohamed VI había pedido dejar Ceuta y Melilla fuera de su conversación privada. Ese dato funciona como control negativo frente a cualquier tesis que dé por probada una aceptación socialista de la reivindicación territorial marroquí.
- En abril de 2004, ya como presidente del Gobierno, Zapatero eligió Marruecos para su primera visita oficial exterior y anunció una etapa de cooperación plena en seguridad, terrorismo, migración, economía y relación euro-mediterránea. La continuidad temática es clara; la causalidad desde el pacto de 2001 no está probada.
QUÉ SABEMOS
- El USFP tenía un mandato territorial explícito antes de diciembre de 2001.
- PSOE y USFP firmaron un acuerdo de cooperación en Rabat el 18 de diciembre de 2001.
- Zapatero mantuvo reuniones con la cúspide política marroquí durante la crisis bilateral.
- Existió coordinación partidista también sobre asuntos internacionales distintos de la relación bilateral.
- En 2004 el Gobierno de Zapatero dio a Marruecos una prioridad pública y amplió la cooperación estatal.
QUÉ NO SABEMOS
- El texto exacto de los cuatro artículos del acuerdo de 2001.
- Si Ceuta, Melilla o Chafarinas aparecieron en el convenio firmado.
- Si el PSOE aceptó, rechazó o negoció la posición territorial fijada previamente por el USFP.
- Si decisiones concretas del Gobierno de 2004-2005 procedieron del acuerdo partidista.
- Si existió una estructura ilícita, una cadena de mando oculta o una transferencia irregular de instrucciones: no está establecido.
El canal paralelo
Una política exterior de partido en plena crisis bilateral
En diciembre de 2001, José Luis Rodríguez Zapatero no era presidente del Gobierno. Era el jefe de la oposición. España atravesaba una crisis diplomática con Marruecos y Rabat había llamado a consultas a su embajador en Madrid. En ese contexto, el líder del PSOE viajó a Marruecos invitado por la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), la formación dirigida por Abderrahman Youssoufi, que entonces era primer ministro marroquí.
La visita no fue simbólica. Zapatero se reunió con Youssoufi, con el ministro de Exteriores Mohamed Benaissa, con responsables parlamentarios, con dirigentes del USFP y finalmente con Mohamed VI. El 18 de diciembre, PSOE y USFP firmaron un convenio de cooperación. Servimedia documentó en tiempo real que ambas formaciones habían trabajado ese mismo día en un acuerdo de colaboración y en una declaración conjunta sobre Oriente Medio. La prensa marroquí de la época confirmó también la firma.
El episodio importa porque convierte una secuencia de contactos políticos en una relación formalizada entre partidos. No se trató únicamente de que el PSOE visitara Rabat: hubo un instrumento de cooperación y una voluntad declarada de mantener un canal estable de trabajo entre dos organizaciones que ocupaban posiciones muy distintas en sus respectivos Estados: una en la oposición española y otra en el centro del Ejecutivo marroquí.
El documento de marzo que cambia la lectura del viaje
La pieza más sensible aparece nueve meses antes. El VI Congreso del USFP, celebrado en Casablanca entre el 29 y el 31 de marzo de 2001, aprobó una declaración general que sigue publicada en el archivo oficial del partido. En el apartado dedicado a la llamada cuestión nacional, el texto reivindica Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas como territorios marroquíes y pide que la dirección del partido tome iniciativas ante los partidos socialistas europeos.
El documento no se queda en una referencia genérica. Identifica de manera expresa al Partido Socialista Obrero Español como interlocutor prioritario para abordar esa cuestión y buscar una solución dentro de la soberanía marroquí. Es un dato de primer orden porque fija, antes de la visita de Zapatero y antes del acuerdo de diciembre, una intención política documentada en el lado marroquí.
Pero el alcance de esa prueba termina ahí. El mandato del USFP demuestra lo que quería el USFP. No demuestra que el PSOE aceptara esa posición, ni que la negociara, ni que la incorporara al convenio firmado en diciembre. Confundir la intención de una de las partes con un acuerdo bilateral sería precisamente el salto que esta investigación evita.
Un convenio firmado, pero todavía incompleto para el archivo
La hemeroteca permite afirmar que el acuerdo existió. Servimedia anunció la firma de un convenio de colaboración entre PSOE y USFP y recogió que Zapatero y Trinidad Jiménez se habían reunido con la dirección socialista marroquí para redactarlo. Aujourd’hui le Maroc, en su edición del 20 de diciembre de 2001, describió igualmente la firma de un acuerdo de cooperación entre ambos partidos.
Lo que no ha aparecido todavía en los archivos públicos consultados es el documento firmado íntegro con la redacción exacta de sus artículos, anexos y firmas. La investigación FORTIS V145 ha reconstruido elementos del pacto mediante fuentes contemporáneas y documentos de partido, pero mantiene el original como P0 de colección. Esa ausencia impone un techo editorial: puede publicarse la existencia y el marco general del canal; no pueden inventarse cláusulas que no hemos visto.
Esa limitación afecta de forma directa al asunto territorial. El hecho de que el USFP llegara a diciembre con un mandato explícito para hablar con el PSOE sobre Ceuta y Melilla hace que la pregunta sea legítima y necesaria. Pero hasta que aparezcan el pacto original, las actas internas o la correspondencia de las delegaciones, no existe base documental para afirmar que aquella reivindicación entró en el acuerdo.
Paralelo, sí; secreto, no
La expresión canal paralelo necesita precisión. La visita de Zapatero ocurrió al margen de la acción ejecutiva del Gobierno de Aznar y fue criticada públicamente por el Ejecutivo. El ministro Josep Piqué llegó a reprochar que el líder socialista estuviera actuando como intermediario de Rabat y cuestionó que parte de la audiencia con Mohamed VI se celebrara sin presencia diplomática española.
Pero la visita tampoco puede describirse como una operación clandestina. El embajador español Fernando Arias-Salgado estuvo presente en buena parte de los contactos. La prensa de la época dejó constancia de que el propio Zapatero insistió en que el embajador le acompañara. Y, al regresar a Madrid, el líder socialista solicitó una reunión con José María Aznar para explicarle las conclusiones del viaje y las fórmulas que, a su juicio, podían ayudar a restablecer la relación bilateral.
La definición más ajustada es por tanto diplomacia partidista paralela: una vía política propia, distinta del canal gobierno-a-gobierno, capaz de hablar con la dirección del Estado marroquí, pero parcialmente conectada con la representación diplomática española y ofrecida después como información al Ejecutivo.
Ceuta y Melilla: la prueba que impide exagerar
Existe otro dato contemporáneo que actúa como freno frente a una interpretación maximalista. El 19 de diciembre de 2001, Zapatero explicó públicamente que Mohamed VI había querido dejar Ceuta y Melilla fuera de su conversación sobre la crisis diplomática. El dirigente socialista presentó esa exclusión como un gesto amistoso hacia España.
Esa declaración no demuestra que el USFP abandonara su mandato territorial, ni revela qué se trató en las sesiones de partido. Pero sí impide sostener, sin más documentos, que la audiencia real o el convenio de cooperación supusieran una aceptación española de la reclamación marroquí. En una investigación de largo alcance, los controles negativos son tan importantes como los hallazgos favorables a la hipótesis.
El resultado es más incómodo precisamente porque es más preciso: sabemos que el USFP quería llevar la cuestión al PSOE; sabemos que ambas formaciones formalizaron un canal de cooperación; sabemos que Zapatero tuvo acceso directo a la cúpula marroquí. Lo que todavía no sabemos es qué respuesta concreta recibió la cuestión territorial dentro de ese canal.
2004: cuando el interlocutor de partido llega al Gobierno
Dos años y cuatro meses después, el contexto cambió por completo. Zapatero llegó a La Moncloa y eligió Marruecos para su primera visita oficial al extranjero como presidente del Gobierno, el 24 de abril de 2004. La transcripción oficial de aquella comparecencia permite medir la intensidad del giro institucional sin necesidad de interpretaciones indirectas.
Zapatero anunció en Casablanca una etapa de “plena cooperación y pleno diálogo”, comunicación constante y colaboración en lucha antiterrorista, inmigración, inversión, infraestructuras y energía. Defendió además que Marruecos avanzara hacia un estatus superior en su relación con la Unión Europea y describió la relación bilateral como prioritaria.
La continuidad temática con el canal partidista de 2001 es evidente: diálogo político, cooperación bilateral, Mediterráneo, migración y coordinación internacional. Pero una continuidad temática no es todavía una cadena causal. España y Marruecos ya tenían antes de 2001 un entramado de tratados, reuniones de alto nivel, comisiones y acuerdos sectoriales. El programa político del PSOE también contenía una orientación mediterránea propia. Para demostrar que una decisión concreta del Gobierno de 2004 ejecutó una obligación nacida del pacto PSOE-USFP haría falta un puente documental que hoy no existe.
La pregunta que queda abierta: qué pasó del partido al Estado
La investigación, por tanto, no termina en la firma de 2001. Empieza allí. El siguiente nivel es reconstruir qué compromisos exactos recogía el acuerdo, quién participó en su ejecución, qué reuniones periódicas generó y si alguno de sus elementos aparece citado después en notas de transición, agendas ministeriales o instrucciones del nuevo Gobierno socialista.
El documento decisivo es el original firmado el 18 de diciembre de 2001. Después vienen las actas del área internacional del PSOE, los archivos del USFP, los cables de la Embajada española en Rabat y los papeles de transición de 2004. Esa cadena permitiría distinguir entre tres escenarios muy diferentes: continuidad política legítima, influencia partidista sobre la acción estatal o transmisión de compromisos concretos al Gobierno.
Por ahora, sólo el primero puede afirmarse con seguridad. Existió un canal político formal entre PSOE y USFP antes de La Moncloa. El USFP había fijado previamente una agenda territorial que señalaba al PSOE como interlocutor. El canal continuó en un entorno de máxima interlocución con Rabat. Lo que no puede afirmarse todavía es que el PSOE aceptara esa agenda ni que el Estado español quedara vinculado por ella.
Por qué este episodio importa hoy
Veinticinco años después, la relación España-Marruecos vuelve a estar sometida a una presión extraordinaria. La tentación más sencilla sería proyectar hacia 2001 todo lo ocurrido después y leer cada contacto como una pieza de una arquitectura predeterminada. El archivo no permite esa conclusión.
Lo que sí permite es algo más útil: identificar un punto de arranque documentado de cooperación partidista, fijar qué intereses llevaba cada parte a la mesa y seguir después la evolución de personas, instituciones, acuerdos y decisiones sin convertir coincidencias en causalidad.
La pregunta central de esta serie no será si existió una relación entre socialistas españoles y marroquíes. Eso ya está documentado. La cuestión es qué produjo esa relación, qué límites tuvo y hasta dónde puede rastrearse su influencia cuando el interlocutor español pasó de la oposición al Gobierno.