Marruecos no había anunciado hasta la noche del 13 de octubre una represalia oficial por la visita a Ceuta. La ausencia de protesta diplomática no resuelve la reivindicación sobre Ceuta y Melilla ni permite anticipar la reacción tras Melilla.
El homicidio de Saïdi en Rabat abrió preguntas en 2011. FORTIS contrasta las graves denuncias de Villarejo y Abad y examina la ausencia de una resolución penal marroquí identificada en el expediente público.
Fuentes de ICEX citadas por varios medios sitúan en la primera semana de diciembre un gran encuentro empresarial en Rabat. El Estándar no ha localizado todavía una convocatoria oficial pública del nuevo formato. Sí ha podido documentar una arquitectura mucho mayor: más de 1.090 millones de euros de apoyo financiero público español en dos grandes proyectos marroquíes, foros empresariales recurrentes, un convenio ICEX–CEOE auditable y compañías vinculadas al ecosistema del Mundial 2030. Todo ello mientras Ceuta seguirá, salvo finalización anticipada, bajo situación de interés para la Seguridad Nacional hasta el 31 de diciembre.
No es una sospecha lateral: la Audiencia Nacional habla de «clara e indudable gestión favorecedora» desde Marruecos; CENIF describe «guiado activo», planificación y una capacidad superior a la de las mafias ordinarias; y el CNI había avisado a DGST y DGED la víspera. El aparato de seguridad marroquí ya está materialmente dentro del expediente. La incógnita que convierte el caso en un problema de Estado es hasta dónde sube la cadena de autorización.
El VI Congreso del USFP dejó por escrito en marzo de 2001 una instrucción política: abordar con los socialistas europeos —y de forma prioritaria con el PSOE— la reivindicación marroquí sobre Ceuta, Melilla y Chafarinas. La prueba fija la intención del partido marroquí meses antes del convenio PSOE-USFP; no acredita aceptación española.
En marzo de 2001, el congreso del USFP marroquí señaló a Ceuta, Melilla y Chafarinas como territorios que debían abordarse con los socialistas europeos y citó al PSOE como interlocutor prioritario. Nueve meses después, José Luis Rodríguez Zapatero viajó a Rabat en plena crisis diplomática y ambas formaciones firmaron un convenio de cooperación. La existencia del canal está documentada; la aceptación por el PSOE de la reivindicación territorial marroquí no.
La Casa Blanca ha convertido a Pedro Sánchez en un adversario político recurrente por migración, OTAN, Irán e Israel. Pero el Departamento de Estado mantiene el respaldo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla y la relación militar con España sigue siendo estructural. La complicación está al sur del Estrecho: mientras Washington preserva a España como aliado, profundiza al mismo tiempo su asociación estratégica con Marruecos.