El estrecho de Ormuz vuelve a acercarse al escenario que más preocupa a los mercados energéticos.
No está cerrado.
Pero cada vez pasan menos barcos.
Y los que lo hacen atraviesan una ruta en la que los ataques contra petroleros han aumentado hasta alcanzar su mayor frecuencia desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El Brent superó durante la madrugada los 100 dólares por barril.
Siete buques en un día
Los datos de Kpler muestran que solo siete buques de materias primas atravesaron el estrecho el 6 de octubre.
Es el nivel más bajo en más de dos meses.
Antes de la guerra, por Hormuz circulaban diariamente decenas de grandes buques comerciales y la ruta canalizaba alrededor del 20% del petróleo y combustibles transportados mundialmente.
El volumen de crudo que atraviesa ahora el paso se sitúa alrededor de 10,1 millones de barriles diarios, aproximadamente el 74% del nivel previo a la guerra según los datos citados por Reuters.
Un petrolero atacado al norte de Qatar
La última alarma llegó desde aguas al norte de Qatar.
Un petrolero fue alcanzado por varios proyectiles, según la agencia británica UKMTO.
El incidente causó víctimas.
Se suma a una secuencia de ataques, intentos de ataque, sobrevuelos de drones y comunicaciones intimidatorias contra buques en la región.
Durante la última semana de septiembre y los primeros días de octubre se registró la mayor concentración de incidentes contra petroleros desde el comienzo del conflicto.
El petróleo vuelve sobre 100 dólares
El mercado está reaccionando.
El Brent cotizaba durante la madrugada en torno a 101,53 dólares, con una subida superior al 1%.
El West Texas Intermediate estadounidense se situaba cerca de 89,39 dólares.
El movimiento no responde únicamente a la cantidad de petróleo disponible hoy.
Responde al riesgo de que una de las arterias energéticas más importantes del planeta pueda sufrir interrupciones adicionales.
Las exportaciones no se han hundido
Hay un matiz importante.
La caída del tráfico por Hormuz no significa que las exportaciones de Oriente Medio hayan caído en la misma proporción.
Los productores están utilizando con mayor intensidad rutas alternativas desde la costa del golfo de Omán y el mar Rojo.
Esas salidas alcanzaron alrededor de 6,7 millones de barriles diarios, más del doble que antes de la guerra.
La capacidad de desvío está amortiguando el impacto.
Pero no puede sustituir completamente al estrecho.
Un coste creciente incluso sin cierre
El problema no es únicamente cuántos barriles dejan de salir.
Cada ataque incrementa primas de seguro, costes de seguridad, tiempos de navegación y riesgo para las tripulaciones.
Un estrecho abierto pero peligroso puede encarecer el petróleo sin necesidad de un bloqueo formal.
Eso es exactamente lo que empieza a reflejar el mercado.
La guerra energética
El conflicto con Irán ha convertido el transporte marítimo en parte directa de la guerra.
Teherán mantiene capacidad para amenazar el tráfico.
Estados Unidos y sus aliados intentan asegurar las rutas.
Los países productores necesitan seguir exportando.
Y los compradores necesitan que esos cargamentos lleguen.
El resultado es un equilibrio extremadamente frágil.
España y Portugal miran el mismo precio
Para la Península Ibérica, el impacto llega a través del coste energético.
Aunque España y Portugal tienen una posición relativamente diversificada en gas y petróleo, no están aislados del precio mundial.
Un Brent sostenido por encima de 100 dólares afecta combustible, transporte, industria, inflación y costes empresariales.
La pregunta ya no es si Hormuz está formalmente abierto.
Lo importante es a qué coste puede seguir abierto.
Y durante esta madrugada, ese coste volvió a subir.



