Los indicios publicados sobre efectivos marroquíes durante la crisis del 30-J obligan a diferenciar guiado de grupos, coordinación sobre el terreno y una eventual cadena de mando estatal, todavía no acreditada.
Repasamos las alertas atribuidas al CENIF antes de la crisis del 30-J, los indicios publicados de guiado y coordinación y lo que todavía no permite atribuir una responsabilidad institucional.
La investigación judicial intenta recuperar una red digital que empezó a desaparecer después de la entrada masiva. Fuentes de Seguridad del Estado citadas por prensa sostienen además que durante horas críticas del 30 y 31 de julio se perdió desde el exterior el acceso a determinados dispositivos o redes marroquíes. La desaparición de mensajes está acreditada como problema investigador; la atribución de esas ventanas de opacidad a una operación estatal marroquí no lo está.
La Audiencia Nacional ya no investiga sólo qué ocurrió en la frontera. La magistrada María Tardón ha abierto diligencias para identificar promotores digitales, uniformados marroquíes, posibles financiadores y niveles de mando; ha pedido información a inteligencia y fuerzas de seguridad, análisis biométricos, imágenes y rastreo financiero. El objetivo es reconstruir quién coordinó, quién financió y quién decidió. Lo que todavía no existe es una atribución judicial de autoría al Gobierno marroquí.
La búsqueda de una gran caja financiera no ha producido prueba pública. El rastro del 30-J se fragmenta entre pagos individuales, transportistas y facilitadores. En cambio, la cadena institucional se estrecha: el wali representa al poder central, la cúpula de seguridad estaba en M’diq y DGST/DGED habían recibido una alerta española. El salto que falta es una comunicación de mando.
No es una sospecha lateral: la Audiencia Nacional habla de «clara e indudable gestión favorecedora» desde Marruecos; CENIF describe «guiado activo», planificación y una capacidad superior a la de las mafias ordinarias; y el CNI había avisado a DGST y DGED la víspera. El aparato de seguridad marroquí ya está materialmente dentro del expediente. La incógnita que convierte el caso en un problema de Estado es hasta dónde sube la cadena de autorización.
Los documentos desclasificados acreditan una cadena creciente de señales del CNI, CENIF y otros organismos. La ley sitúa la dirección del Sistema de Seguridad Nacional en el presidente. La evidencia pública no demuestra que se anticiparan 70.000 entradas, pero tampoco permite sostener que no hubiera warning previo.
Moncloa publica 40 informes y comunicaciones que permiten reconstruir por primera vez la cadena previa al 30-J. El 29 de julio el CNI trasladó a Delegación del Gobierno y a una unidad de Guardia Civil una convocatoria para el día siguiente por mar y valla. Ese mismo día, una nota interna del CENIF elevó los cruces a nado a “RIESGO MUY ALTO” y activó “ALERTA TEMPRANA”. Los documentos no muestran, sin embargo, una previsión previa de la escala final de más de 70.000 entradas.
El presidente niega cualquier chantaje de Rabat después de que Feijóo y Abascal cuestionen su independencia. La relación formal entre el PSOE y la Unión Socialista de Fuerzas Populares marroquí está documentada desde 2001, incluye cooperación continuada y convive con una reivindicación territorial explícita del USFP sobre Ceuta y Melilla. Nada de ello prueba que el PSOE comparta esa posición, que Sánchez esté sometido a Marruecos o que el canal partidista esté conectado con el 30-J.
La Audiencia Nacional investiga una gestión favorecedora desde Marruecos y un guiado activo de agentes marroquíes. A la vez, Policía, Europol y resoluciones judiciales documentan narcotúneles, redes que mezclan droga y personas y un riesgo interno en el Puerto. El archivo político añade un canal PSOE-USFP utilizado ya durante la crisis de Ceuta de 2021 y renovado en 2022 por diez años. Ninguna de esas capas prueba un mando único, pero juntas explican por qué la crisis sigue abierta.
El Consejo de Ministros abre hoy una parte de la documentación reservada sobre el 30-J. Los informes del CNI que se pretende hacer públicos están fechados entre el 1 de julio y el 1 de agosto. El Gobierno sostiene que ninguno anticipó la escala de la entrada masiva; mañana los documentos permitirán contrastar esa versión con la cadena real de alertas, receptores y decisiones.
Veintidós años separan los atentados de Madrid y la crisis de Ceuta, y no hay pruebas de que respondan a una misma operación. Sí existe, en cambio, un patrón institucional documentable: amenazas que crecen a la vista del Estado, información fragmentada entre organismos, respuestas que no escalan a tiempo y una relación con Marruecos que después de cada crisis adquiere todavía más peso.
Dos narcotúneles transfronterizos están documentados oficialmente. El CENIF reconstruye una movilización planificada. El puerto forma ya parte del dispositivo de Seguridad Nacional. Fuentes protegidas describen circuitos internos de información y vídeos de campo muestran una embarcación de patrulla o servicio frente a Benzú cuya titularidad sigue abierta. El Estándar cruza todas las capas y marca dónde termina el hecho y empieza la hipótesis.
La Guardia Civil reconoce comunicaciones previas que no anticipaban la dimensión de la avalancha. El CENIF de la Policía describe un movimiento planificado y documenta indicios de actuación de agentes marroquíes. La clave está en que ambos informes responden a objetos, métodos y momentos distintos.
Entre el 27 y el 30 de julio circularon señales por circuitos policiales, de inteligencia y militares. El Estado ya admite la existencia de avisos previos; la cuestión es cuándo se valoraron, quién los recibió y qué decisiones produjeron. Con la Fiscalía respaldando la investigación de la Audiencia Nacional, ese reloj de avisos deja de ser sólo una controversia política y pasa a tener relevancia judicial.
La jueza María Tardón encargó al Centro Nacional de Inmigración y Fronteras un análisis sobre la entrada masiva del 30-J y pidió máxima reserva a los policías que trabajaban para la Audiencia Nacional. El informe terminó describiendo una acción planificada, recogiendo indicios de «guiado activo» por agentes marroquíes y llegando a la prensa antes que a la cadena política de Interior. Marlaska reclamó explicaciones; el CGPJ y la Audiencia Nacional respaldaron a la magistrada. Detrás del choque hay una pregunta mayor: quién debe conocer, y cuándo, la inteligencia policial que nace dentro de una investigación judicial durante una crisis de seguridad nacional.
Pedro Sánchez prometió publicar todos los informes disponibles sobre las alertas previas al 30-J. Dos días después, el dossier sigue sin aparecer. Para explicar qué supo el Estado, cuándo lo supo y por qué la respuesta no cambió antes, Moncloa tendrá que mostrar el reloj completo de avisos, distribución y decisiones.
La Fiscalía de la Audiencia Nacional respalda que María Tardón abra una causa penal por los hechos del 30 y 31 de julio y aprecia, en esta fase, posibles delitos de favorecimiento de la inmigración irregular, homicidio y lesiones por imprudencia grave y organización o grupo criminal. El Ministerio Público sitúa en Marruecos una parte sustancial de la planificación, movilización, coordinación logística, difusión digital y eventual dirección estratégica. A ello se suma el informe del CENIF, que describe una operación planificada y atribuye conductas de «guiado activo» a gendarmes y agentes de paisano marroquíes. Con el expediente actual, la investigación ya alcanza a actores integrados en el aparato estatal marroquí; lo que todavía debe determinar la instrucción es la cadena de mando, el nivel de autorización y si la dirección estratégica llegó a órganos centrales de Rabat.
El Gobierno sostiene que ningún informe anticipó la escala de la entrada masiva. Pero el expediente público ya reúne una alerta militar fechada el 27 de julio, dos notas del CENIF del 28 y 29, una comunicación del CNI en Ceuta y un nuevo informe de la Guardia Civil entregado este 4 de septiembre. La cuestión ya no es si existieron señales, sino cómo fueron valoradas, a quién llegaron y por qué no alteraron a tiempo el nivel de respuesta.
Dos investigaciones independientes han documentado cómo los grupos que preparaban el 15-A desplazaron la conversación hacia el 23 de septiembre, fecha de las elecciones legislativas marroquíes. Informaciones de inteligencia sitúan también esa jornada como ventana de vigilancia. No existe prueba de que vaya a producirse otra entrada masiva, pero las señales ya justifican seguimiento y preparación.
El documento policial de 55 páginas describe un 30-J planificado, una respuesta marroquí de “total permisividad”, agentes uniformados guiando cruces y alertas emitidas antes del colapso. Interior sostiene, al mismo tiempo, que ningún informe atribuye a las fuerzas marroquíes la planificación o ejecución y que el autor intelectual sigue sin identificar.